El reto de adaptarnos como empresas o academias a trabajar y estudiar desde casa: 3 barreras para vencer en la cuarentena.

Pese a que más de la mitad de la población mundial es internauta, según informe presentado en enero de 2020 por We are social y Hootsuite, aún hay muchas personas que no se animan a entrar al espacio virtual, otras que prefieren el contacto físico, la mirada, escucharse de viva voz. Les compartimos nuestra experiencia al dictar esta semana de cuarentena nuestro curso presencial, pero cada quien desde la comodidad del sillón de su hogar y frente a una pantalla.


Fue un poco extraño al principio. Porque uno de los rituales que hacen presencialmente los estudiantes al llegar a la sede principal de A Voz en Bogotá, es servirse su cafecito o aromática, en algunos casos quitarse los zapatos, saludar cariñosa y efusivamente a sus compañeros y palpar de manera intensa cada aprendizaje, con todos sus sentidos.

Sin embargo, sería irresponsable de nuestra parte no tomar las medidas de aislamiento, cuando se trata no solo de nuestra vida, sino de la de todos los que nos rodean. Por lo tanto, desde esta semana estamos funcionando online. ¿Y cómo creen que nos fue?

Al principio se sentía algo de escepticismo en el ambiente, pero no de desánimo: “no creo que vaya a ser tan productivo”; “creo que me dormiré en la silla”; “ésta clase como que será perdida”, confiesan algunos al final de la retroalimentación. Sin embargo al ir avanzando, hubo un espíritu intenso de interés e incluso de tal provecho, que nos sentimos frente a frente, concentrados y en aula virtual.

¿Y qué fue clave para eso?

Te quiero compartir, desde mi visión  como empresaria, (y) directora de un centro académico, lo que observé en ese análisis y, si te sirve como experiencia, también lo puedas aplicar. Creo que estas son algunas de las principales barreras que impiden un cambio en nuestras dinámicas y esquemas, sean personales, o empresariales:

Primera barrera: miedo a dejar de producir

¡Claro que nos aterroriza a todos quedarnos sin nada que hacer y, peor aún, sin generar el dinero para nuestro sustento diario! Los que trabajamos como emprendedores realmente vivimos bajo esa zozobra y es incluso una de las motivaciones para no claudicar. Pero ante el miedo, el riesgo y la creatividad, no vale la pena quejarnos o lamentarnos. Aprovechemos el silencio, el “tiempo” que tenemos ahora. Hoja, papel, un buen vino que acompañe, un café o lo que quieras y ¡a imaginar! La visualización es de los ejercicios que más me resulta productivo. No se trata de hacerse “falsas ilusiones” ni mirar ‘pal techo’ porque sí. Se trata de ver, como fotografías, aquel panorama, escena, situación en la que desearías estar y, poco a poco, establecer una posible ruta para saber cómo llegarías allí. Por ejemplo, si eres locutor profesional y esta semana no has asistido a estudios, ¿te imaginaste alguna vez siendo conferencista? ¿Dictando un curso? ¿Compartiendo tu conocimiento? Pues hazlo realidad, entrénate y compártele al mundo lo que sabes.

Segunda barrera: esperar grandes resultados, de inmediato

Ok. Decidiste, siguiendo con el ejemplo anterior, que ahora vas a llevar tu conocimiento a un curso, una conferencia y se lo vas a compartir al mundo. ¡Muy bien! Pero tampoco esperes que del primer Facebook Live o Instagram Live, o del primer lanzamiento de tu curso tengas un retorno inmediato de inversión. Si tienes ya una red y comunidad construida, si tienes credibilidad en tu nicho, a lo mejor logres tener éxito en el primer lanzamiento, pero para que algo sea sostenido y en el tiempo, tendrás que hacer todo un plan para ello. Si lo haces diariamente, con intensidad y propósito, seguro en unos años serás ese conferencista exitoso o empezarás tu empresa. Recuerda cómo funciona la naturaleza y el bambú japonés. Un escéptico e impaciente renegará de la semilla los primeros 7 días, el primer año e incluso  dirá: —Me estafaron, esta semilla no sirve para nada—. Pero, ¿sabías que ese bambú necesita 7 años para enraizarse y luego, pasado ese tiempo de abono, agua y cuidado, bastan solo 6 semanas para que crezca más de 30 metros?


Tómate esta cuarentena para planear, aprender, generar planes de acción, ideas y sobre todo ‘alianzas’ que te lleven a tu propósito.


Tercera barrera: evitar nuestra propia esencia y llamado

Ya sé que estoy sonando algo a Paulo Coelho, con el respeto que me merece el señor escritor —incluso me leí en la adolescencia unas 3 veces su libro ‘El Alquimista’, bajo un árbol del parque de la Independencia de Bogotá y casi podía levitar de la felicidad—. Pero más allá de tener la intención de escribir algo de ‘autoayuda’, te quisiera decir que estas tres aristas las experimento constantemente, día a día y  (las corroboré esta semana) mientras dictaba nuestra clase presencial de 4 horas de manera virtual, como medida de choque para no parar las clases. Fue un reto. Tuve zozobra. 

Más aún porque recién nos mudamos a una nueva sede y así como construimos nuevos estudios y salones, las cuentas se engrosaron, el personal creció, etc. Eso me pone feliz, pero también me pone a pensar en todo esto que estamos viviendo. Me muevo en los segmentos de la educación, la publicidad y el entretenimiento.  Y aunque pareciera que la gente está buscando, mucho más ahora, entretenerse, educarse y comprar compulsivamente, también hemos notado que las paradojas no se hacen esperar. Que aquello a lo que le dábamos más valor e importancia en el día a día ha pasado a un segundo plano. Nos tocó darle ahora sí importancia a lo que de verdad importa: nuestra salud, nuestra familia, nuestros sueños.

Por lo tanto, volver a nuestra propia esencia y llamado es detenernos y preguntarnos: ¿lo que hago de verdad me apasiona?, ¿soy feliz en mi trabajo?, ¿tengo un propósito real, supremo, más allá de subsistir y generar dinero?, ¿ayudo a otras personas con lo que hago?

Si te respondes que no, es hora de aislarte de verdad, re-pensarte y re-escribir tus metas. Yo lo hago a diario, porque me gusta, porque ya me acostumbré y porque no tengo herencias, ni mecenazgos, ni nada se me ha dado gratuito, así que “¡tengo que mover el bote!”, como diría el personaje interpretado por mi colega mexicano Mario Filio. ¡Y lo agradezco!

Buscar motivos y actos para navegar la vida digna y positivamente en medio de las altas mareas, siempre será la mejor manera de garantizar un buen arribo a tierra firme.


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