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El Voice Over, una profesión que tomó más fuerza en cuarentena

Son muchos los sectores que se han visto gravemente afectados con la situación que vivimos en la actualidad. El confinamiento evidenció que varias empresas no están preparadas para el teletrabajo; que definitivamente varias industrias dependen casi en un 100% de la presencialidad y que hoy cobra mucha vigencia la teoría de Charles Darwin: “las especies que no se adaptan a las características de su medio o entorno, perecen”.

Basta con echar un vistazo al mundo del espectáculo, los conciertos y las artes escénicas, para notar que aquel concepto de la masificación o la reunión social se ha tenido y se tendrá que replantear en este contexto, por lo menos, para sobrevivir en los próximos 2 o 3 años. La industria del entretenimiento y la publicidad, por su parte, han tenido que apelar a otras estrategias y modos de presentar sus mensajes. 

La gran ventaja de un voice over, a diferencia de un actor de televisión, de teatro, director o productor de cine, es que puede realizar un trabajo sólido y profesional desde su casa, de manera autónoma. Desde hace varios años los locutores vivimos “en cuarentena” y por eso muchos colegas han visto cómo su trabajo en esta temporada aumentó. Ya que muchas productoras no han podido realizar campañas audiovisuales como de costumbre, han usado el audio y la voz como medio que explica, vende, seduce e informa. No obstante, para vivir establemente del arte de interpretar voces, es necesario conocer sus dinámicas.

Conoce 5 ventajas y retos del trabajo como voice over en este 2020.

1. Puedes manejar tu tiempo.

En este agitado mundo que se detuvo de manera abrupta y repentina, el tiempo parecía no estar a nuestro favor. Cruzar la agitada ciudad para cumplir un horario en el escritorio de la oficina (ahora con la misma dinámica, pero desde casa) no hace parte del día a día de un voice over. Un locutor puede manejar su tiempo. Sin embargo, esta ventaja sólo es posible o viable, si el voice over toma su profesión como una empresa, en la que debe distribuir su tiempo para afinar su arte, expandir sus clientes, tocar nuevas puertas, hacer alianzas, contactos, proyectos. 


2.  La inversión inicial no es tan alta como en otras empresas.

Conozco muchas locuciones profesionales que han salido al aire en canales de televisión o en grandes campañas, que han sido grabadas (por el factor prisa o determinada razón) con un micrófono de 100 dólares. Hoy se han disparado los webinars hablando de la importancia de tener excelentes equipos. Y es cierto, entre más calidad le ofrezcas a tus clientes, más van a confirmar en ti, pues entregas productos de altos estándares. Lo cierto es que, a diferencia de otras empresas, contar con un capital inicial moderado supone una grandísima ventaja para empezar a generar ingresos. 


3. No necesitas ser el Freddy Mercury de la locución para tener ingresos.

Es verdad: esta profesión requiere mucho aprendizaje, esfuerzo, disciplina, como toda carrera que se emprenda. Pero está clarísimo que en este mundo de subjetividades, la “gran voz” dejó de ser un requisito. Hoy en día, en nuestra experiencia profesional y docente, corroboramos cada vez con más fuerza que quien tiene éxito en esta y cualquier empresa es debido a su disciplina para gestar oportunidades y proyectos. Un gran talento sin capacidad de gestión, administración, marketing, relaciones públicas, etc., está condenado al fracaso.


4. Tus clientes más potenciales pueden estar en el continente vecino.

A diferencia de otras profesiones, crecer, expandirse, exportar, puede ser muy costoso. Exportar la voz se hace a solo un clic. El Voice Over es una profesión en la que circulan archivos de audio en formatos generalmente mp3 o wav. Por más pesado que sea un archivo, podrá estar en la nube o se podrá enviar de manera incluso gratuita o paga, a través de servicios como we transfer, fromsmash, entre otros. Uno de los errores más frecuentes de muchos locutores es quedarse trabajando con sus mismos 5 clientes y no atreverse a explorar mercados como el europeo, africano, americano, chino, japonés… ¡tantos países que hablan español o que quieren doblar sus mensajes para que lleguen a estas industrias!

5. Usar nuestra voz nos sana. 

Todo vibra en el espacio. Los átomos tienen cargas de energía y nuestro cuerpo también responde a los impulsos que emanamos desde nuestra boca. Cada vocal, consonante, palabra y mensaje tienen una carga de energía y así mismo también lo recibe nuestro cuerpo. El acto de hablar, cantar o interpretar hace que entremos en un “modo estético y sonoro” que genera nuevas vibraciones, conexiones y sensaciones muy benéficas para la salud. 

Definitivamente una profesión donde todo está por hacerse, estandarizarse, regularse, crearse, diversificarse, pero con un inmenso potencial de expansión. Una profesión estrella en estos tiempos de cuarentena.

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¡FELIZ DÍA LOCUTORES COLOMBIANOS! ¿DE QUÉ ESTÁ HECHO UN LOCUTOR EXITOSO DEL SIGLO XXI?

Por: Isabel Junca


Bien lo han expresado muchos colegas: “La nuestra, es la mejor profesión del mundo”. Y es cierto. Toda persona que por curiosidad o trabajo entra en una cabina, escucha su voz amplificada a través de los auriculares y logra conectar un mensaje con su audiencia, toca el cielo.

Sencillamente porque ese verbo, conectar, es lo que buscamos, no solo en la cotidianidad de la vida —para hacer ésta más amable y llevadera— , sino las empresas que intentan generar nichos de mercado para ampliar sus ventas.


Y no es un arte menor. Conectar con una audiencia, lograr un objetivo y una acción/reacción en el otro requiere muchas destrezas que, sin embargo, han cambiado de forma sustancial desde hace varios años. El locutor que conocíamos y escuchábamos, cuya voz grandilocuente y ceremoniosa era la predominante, mutó hacia una generación que busca frescura, naturalidad y cercanía.


Por lo tanto, un locutor exitoso del siglo XXI ha de tener, entre muchas otra más, estas 3 cualidades:


1. Ser un talento extraordinario

Cuando hablamos de extra-ordinario nos referimos a una persona que, a través de un ejercicio constante de capacitación en diversas áreas, descubrimiento y desarrollo de sus habilidades físicas, mentales, sonoras, creativas e incluso administrativas y de gestión, logra encontrar ese punto que lo diferencia e identifica. Esa es la razón por la cual su cartera de clientes empieza a crecer, pues cada que tiene contacto con un nuevo proyecto, logra plasmar en él exactamente lo que se busca, inyectándole su sello propio. En ese sentido tener conocimiento y dominio de áreas como la interpretación/actuación; conocimiento en una segunda lengua (preferiblemente inglés).


2. Estar a la vanguardia con la tecnología

Contar con equipos de calidad, conocer cómo manipularlos, en su forma básica, pues no se trata de volvernos “toderos”: ingenieros de sonido, creativos, directores. Pero sí de entender el entorno básico para poder responder de manera adecuada a cada proyecto. Con la situación que vivimos actualmente, queda en evidencia, por ejemplo, que el locutor que tiene un buen Home Studio, buena conexión a internet y herramientas como Source Connect, IPDTL u otras plataformas de conexión streaming, llevan la delantera.


3. Explorar y pescar en nuevos lagos

La mayoría de locutores suelen llevar su varita de pescar y sentarse a esperar a que le pique el pez. Pero suele hacerlo en los mismos lagos: locución publicitaria y doblaje. ¿Y qué hay de los nuevos formatos, las nuevas ventanas y los nuevos medios? Hacer una gestión constante de nuevos clientes, ofrecer constantemente nuestro trabajo y valorarlo como se debe, es tarea fundamental.


© José Bustos


El locutor del siglo XXI no es solamente un talento extraordinario, sino un relacionista público que entiende la importancia de trabajar mano a mano en red con sus colegas, pertenecer a un gremio y sobre todo, impulsarlo.

El reto de adaptarnos como empresas o academias a trabajar y estudiar desde casa: 3 barreras para vencer en la cuarentena.

Pese a que más de la mitad de la población mundial es internauta, según informe presentado en enero de 2020 por We are social y Hootsuite, aún hay muchas personas que no se animan a entrar al espacio virtual, otras que prefieren el contacto físico, la mirada, escucharse de viva voz. Les compartimos nuestra experiencia al dictar esta semana de cuarentena nuestro curso presencial, pero cada quien desde la comodidad del sillón de su hogar y frente a una pantalla.


Fue un poco extraño al principio. Porque uno de los rituales que hacen presencialmente los estudiantes al llegar a la sede principal de A Voz en Bogotá, es servirse su cafecito o aromática, en algunos casos quitarse los zapatos, saludar cariñosa y efusivamente a sus compañeros y palpar de manera intensa cada aprendizaje, con todos sus sentidos.

Sin embargo, sería irresponsable de nuestra parte no tomar las medidas de aislamiento, cuando se trata no solo de nuestra vida, sino de la de todos los que nos rodean. Por lo tanto, desde esta semana estamos funcionando online. ¿Y cómo creen que nos fue?

Al principio se sentía algo de escepticismo en el ambiente, pero no de desánimo: “no creo que vaya a ser tan productivo”; “creo que me dormiré en la silla”; “ésta clase como que será perdida”, confiesan algunos al final de la retroalimentación. Sin embargo al ir avanzando, hubo un espíritu intenso de interés e incluso de tal provecho, que nos sentimos frente a frente, concentrados y en aula virtual.

¿Y qué fue clave para eso?

Te quiero compartir, desde mi visión  como empresaria, (y) directora de un centro académico, lo que observé en ese análisis y, si te sirve como experiencia, también lo puedas aplicar. Creo que estas son algunas de las principales barreras que impiden un cambio en nuestras dinámicas y esquemas, sean personales, o empresariales:

Primera barrera: miedo a dejar de producir

¡Claro que nos aterroriza a todos quedarnos sin nada que hacer y, peor aún, sin generar el dinero para nuestro sustento diario! Los que trabajamos como emprendedores realmente vivimos bajo esa zozobra y es incluso una de las motivaciones para no claudicar. Pero ante el miedo, el riesgo y la creatividad, no vale la pena quejarnos o lamentarnos. Aprovechemos el silencio, el “tiempo” que tenemos ahora. Hoja, papel, un buen vino que acompañe, un café o lo que quieras y ¡a imaginar! La visualización es de los ejercicios que más me resulta productivo. No se trata de hacerse “falsas ilusiones” ni mirar ‘pal techo’ porque sí. Se trata de ver, como fotografías, aquel panorama, escena, situación en la que desearías estar y, poco a poco, establecer una posible ruta para saber cómo llegarías allí. Por ejemplo, si eres locutor profesional y esta semana no has asistido a estudios, ¿te imaginaste alguna vez siendo conferencista? ¿Dictando un curso? ¿Compartiendo tu conocimiento? Pues hazlo realidad, entrénate y compártele al mundo lo que sabes.

Segunda barrera: esperar grandes resultados, de inmediato

Ok. Decidiste, siguiendo con el ejemplo anterior, que ahora vas a llevar tu conocimiento a un curso, una conferencia y se lo vas a compartir al mundo. ¡Muy bien! Pero tampoco esperes que del primer Facebook Live o Instagram Live, o del primer lanzamiento de tu curso tengas un retorno inmediato de inversión. Si tienes ya una red y comunidad construida, si tienes credibilidad en tu nicho, a lo mejor logres tener éxito en el primer lanzamiento, pero para que algo sea sostenido y en el tiempo, tendrás que hacer todo un plan para ello. Si lo haces diariamente, con intensidad y propósito, seguro en unos años serás ese conferencista exitoso o empezarás tu empresa. Recuerda cómo funciona la naturaleza y el bambú japonés. Un escéptico e impaciente renegará de la semilla los primeros 7 días, el primer año e incluso  dirá: —Me estafaron, esta semilla no sirve para nada—. Pero, ¿sabías que ese bambú necesita 7 años para enraizarse y luego, pasado ese tiempo de abono, agua y cuidado, bastan solo 6 semanas para que crezca más de 30 metros?


Tómate esta cuarentena para planear, aprender, generar planes de acción, ideas y sobre todo ‘alianzas’ que te lleven a tu propósito.


Tercera barrera: evitar nuestra propia esencia y llamado

Ya sé que estoy sonando algo a Paulo Coelho, con el respeto que me merece el señor escritor —incluso me leí en la adolescencia unas 3 veces su libro ‘El Alquimista’, bajo un árbol del parque de la Independencia de Bogotá y casi podía levitar de la felicidad—. Pero más allá de tener la intención de escribir algo de ‘autoayuda’, te quisiera decir que estas tres aristas las experimento constantemente, día a día y  (las corroboré esta semana) mientras dictaba nuestra clase presencial de 4 horas de manera virtual, como medida de choque para no parar las clases. Fue un reto. Tuve zozobra. 

Más aún porque recién nos mudamos a una nueva sede y así como construimos nuevos estudios y salones, las cuentas se engrosaron, el personal creció, etc. Eso me pone feliz, pero también me pone a pensar en todo esto que estamos viviendo. Me muevo en los segmentos de la educación, la publicidad y el entretenimiento.  Y aunque pareciera que la gente está buscando, mucho más ahora, entretenerse, educarse y comprar compulsivamente, también hemos notado que las paradojas no se hacen esperar. Que aquello a lo que le dábamos más valor e importancia en el día a día ha pasado a un segundo plano. Nos tocó darle ahora sí importancia a lo que de verdad importa: nuestra salud, nuestra familia, nuestros sueños.

Por lo tanto, volver a nuestra propia esencia y llamado es detenernos y preguntarnos: ¿lo que hago de verdad me apasiona?, ¿soy feliz en mi trabajo?, ¿tengo un propósito real, supremo, más allá de subsistir y generar dinero?, ¿ayudo a otras personas con lo que hago?

Si te respondes que no, es hora de aislarte de verdad, re-pensarte y re-escribir tus metas. Yo lo hago a diario, porque me gusta, porque ya me acostumbré y porque no tengo herencias, ni mecenazgos, ni nada se me ha dado gratuito, así que “¡tengo que mover el bote!”, como diría el personaje interpretado por mi colega mexicano Mario Filio. ¡Y lo agradezco!

Buscar motivos y actos para navegar la vida digna y positivamente en medio de las altas mareas, siempre será la mejor manera de garantizar un buen arribo a tierra firme.


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